My Swinger Journey

Mi pareja actual, con quien llevo 11 años, fue quien realmente me abrió las puertas del mundo swinger. Pero, siendo honesta… yo ya tenía curiosidad antes de conocerlo, después de ver una película que encendió un fuego dentro de mí.

Si quieres saber más de esa etapa, te recomiendo leer mi otro post: “De Vanilla a Swinger”.

La tercera cita que lo cambió todo

Recuerdo perfectamente mi tercera cita con el que hoy es mi esposo. Me miró con total seguridad y me dijo:
—“Empecemos a tachar fantasías de tu lista…”

Ese mismo día creamos un perfil en Locanto (¿alguien aquí lo usó alguna vez?) y encontramos una pareja. Él era francés. Rápidamente organizamos un encuentro.

Lo que pasó esa mañana me marcó para siempre…

Nervios, vino y primeras veces

Imagínalo: era apenas mi tercera cita, apenas conocía a este hombre, y estaba a punto de ir a la casa de un desconocido a las 11 de la mañana… ¡para tener sexo!

Para relajarme, llevamos una botella de vino. En aquel entonces dependía mucho del alcohol para soltarme—vengo de una familia religiosa donde hablar de sexualidad siempre fue complicado.

Llegamos y nos recibieron él, su pareja y una amiga. Muy educados, charlamos de la vida, del trabajo, de cómo habíamos terminado en México… pero en mi cabeza solo rondaba una idea: “¿Cuándo va a empezar esto? ¿Quién dará el primer paso? ¿Cómo sucederá?”

Después de algunas risas y varias copas, mi pareja dijo:
—“Romi tiene curiosidad, nunca ha besado a una mujer…”

Sentí cómo mi cuerpo entero se encendía, poniéndome roja como un tomate. Y ahí fue cuando todo comenzó.

El momento en que me solté

Él me acercó a las dos chicas y, de repente, estaba besándolas suavemente. Ellas empezaron a tocarme, a jugar con mi vestido, a explorar mi cuello, mis pechos… mientras los hombres, ya muy excitados, miraban y se tocaban.

No sé cómo explicarlo, pero en ese instante algo animal despertó en mí. Me solté por completo, besando más fuerte, levantando vestidos, tocando y dejándome tocar.

Los hombres se unieron, quedando en ropa interior, y la escena se volvió una explosión de deseo: caricias, besos con lengua, lamidas, ropa cayendo al suelo. Mi cuerpo vibraba como nunca antes.

Una orgía inolvidable

De pronto estaba en medio de una escena sacada de una película: dos mujeres jugando con mis pezones, un hombre tomándome fuerte por detrás mientras otra chica me lamía, mi pareja follando apasionadamente a la otra mujer… puro frenesí.

Todos con todos, manos recorriéndome, besos, mordidas, gemidos. No sabía si estaba soñando o viviendo exactamente lo que siempre había fantaseado.

Cuando todo terminó, acostada en un colchón en medio de la sala, pensé:
“Nací para esto.”

Y desde ese momento supe que no había marcha atrás.

11 años después…

Hoy, más de una década después, sigo disfrutando de mi sexualidad sin culpas, con placer, con libertad, y con la certeza de que el mundo swinger me cambió para siempre.

Empecé sin reglas, sin manual, solo con el ardiente deseo de sentir, de disfrutar y de ver a mi pareja disfrutar igual que yo.

Incluso al escribir estas líneas… vuelvo a sentir esos mismos escalofríos, ese calor que me moja toda de nuevo.

Leave a reply